sábado, 22 de noviembre de 2014

Reseña Dreamriders: "¿Sueñan los gatos con ratones eléctricos?"



Reseña realizada por Jose Manuel Echavarren


¿Sueñan los gatos con ratones eléctricos?

Juego: Dreamraiders
Fecha: 21-11-2014
Pjs: Frank Riconda (Manu), Jimmy Sandeman (Espe), Sir Alister Doherty (Iván) y Robert Quine (Arturo)



El primer caso, o cómo dejar que el malo escape
La acción comienza hace cinco años, durante el famoso proceso para encarcelar a Howard Kash, el capo mafioso de Los Ángeles.
La agencia Riconda, Jadgea & Chasegate está dando sus primeros pasos. Riconda está en este caso colaborando con la fuerza de homicidios de L.A. (representada por el joven detective de homicidios Jimmy Sandeman), y su amigo el aventurero retirado Sir Alister Doherty. Su misión es proteger al abogado Elías Meyer, abogado de uno de los principales confidentes del caso Kash. Pero un sicario onírico experto, Bobby Grant, ha atacado en sueños al abogado con intención de matarlo. Afortunadamente, el abogado judío contaba con la ayuda de su amigo actor Robert Quine, que esa noche le había convencido para tomar Yggdrasil y vagabundear por el mundo de los sueños. El actor de origen germano luchó como un verdadero Dreamraider experimentado contra Bobby, hasta que llegaron el resto de pjs y entre todos lograron hacer que el sicario mafioso huyera. Embebidos por la victoria, los pjs persiguieron al mafioso, solo para caer en una trampa.
 Persiguiéndolo a través de los túneles de un coliseo romano donde la muchedumbre clamaba por sangre, los pjs acabaron de pronto en un platillo espacial con dirección a la Tierra. Una vez que la escotilla se cerró a sus espaldas, el sicario, metamorfoseado en hiena, se volvió a ellos y sonriendo sentenció que los mataría a todos. El abogado Meyer se guarneció como pudo en un rincón suplicando piedad. Robert Quine se convirtió en un aristócrata venusiano y se lanzó sobre la hiena, logrando atraparla para que el anciano descubridor de los afluentes del Níger convocara un rifle onírico y disparara a bocajarro. La hiena logró zafarse en el último instante y la bala no acabó con el infame Bobby Grant, pero en el forcejeo, el mafioso apretó unos controles y el platillo volante aceleró para precipitarse a gran velocidad contra la superficie de la Tierra.
Riconda, convertido en un héroe pulp similar a Rocketeer, se precipitó hacia el panel de controles para evitar el inminente choque, y finalmente pudo estabilizar la nave cuando estaba a punto de impactar contra la Casablanca. El detective de homicidios oníricos, metamorfoseado en el dios de los sueños Morfeo, se abalanzó sobre el mafioso intentando estrangularlo, pero Grant logró liberarse de su presa, abrir una escotilla y salir volando convertido en cóndor.



El reencuentro y un caso perdido
Cinco años después, los pjs volverán a reencontrarse con ocasión del caso Whitman. Roger Whitman, un joven afroamericano, ha sido detenido bajo cargos de robo con violencia y asesinato, acusado de la muerte del banquero Melvin Kemmelmeier. El prestigioso bufete Caesar & Associated ha elegido representarlo gratuitamente por la repercusión que prevén que pueda tener el caso. El abogado en cargo es Elías Meyer. Robert Quine, disfrutando el éxito de taquilla (aunque no de crítica) de su última película, Capitán Jack de Corazones, forma parte de un círculo de intelectuales que están intentando demostrar la inocencia de Whitman, y acepta colaborar con su amigo abogado en llegar al final del asunto. Para ello, no duda en solicitar la ayuda de Frank Riconda, el detective que conociera hacía cinco años en un platillo volante, y con el que hacía un año había compartido algunos casos cuando intentaba averiguar cómo era la vida y profesión de los detectives oníricos con vistas a la película que iba a interpretar sobre el tema.

Jimmy Sandeman también colaboraba en el caso, y es que tenía la impresión de que se había cerrado en falso, simplemente porque el acusado era negro y el muerto un exitoso banquero blanco. Sir Alister Doherty, ansioso como siempre de aventuras, se había unido al grupo de pjs. Sin embargo, el caso de Whitman pintaba mal: lo habían detenido en su casa con objetos personales y dinero de Kemmelmeier, además del arma homicida. Whitman sostenía que cuando él había entrado en la casa de Kemmelmeier, el banquero ya yacía muerto sobre su escritorio, que acababa de suicidarse con el revólver. Eso no le impidió robar el despacho del banquero ni llevarse el propio revólver con intención de venderlo. Para su desgracia, ese revólver no tenía licencia ni constaba en parte alguna que hubiera pertenecido a Kemmelmeier.
Un testigo presencial muy peludo

Pero Elías Meyer tiene un plan de acción. Sostiene que había un testigo presencial, un testigo que va a convertir el caso en famoso. El gato persa de Kemmelmeier, Aquiles, estaba en el despacho cuando ocurrió todo. Tan solo hay que entrar en su mente y “grabar” su recuerdo. Será la primera vez que se haga algo así en la jurisprudencia. Los pjs , viajeros oníricos experimentados, abrigan dudas. ¿Se ha intentado acceder a los sueños de un gato con anterioridad? Sir Alister y Jimmy Sandeman se miran, recordando un nombre: Axel Ventura. 
Un estrafalario personaje que según dice se dedica a curar traumas de mascotas. El detective de homicidios oníricos de la policía de L.A. conduce su coche hasta el hotel donde lo ha alojado Elías Meyer para entrevistarse con él. Axel Ventura le da los consejos necesarios para introducirse en la mente de un animal. Deben estar junto a él, inyectarle una dosis de Yggrasil con unos leves cambios, la misma dosis que han de tomar los pjs, y aconseja permanecer poco tiempo allí, es un ambiente hostil a lo humano.

Frank Riconda tiene su propia agenda. Mañana tiene una citación para una vista de libertad condicional del capo mafioso Howard Kash, y él ha sido convocado como uno de los agentes que lo detuvieron, para que ofrezca su opinión experta. Sin embargo, el italoamericano ha visto allí una oportunidad de hacer dinero, y se dirige a entrevistarse con el abogado de Kash, “Tiburón” Spielberg. Pero Spielberg no le ofrece dinero para que abogue por la libertad de su cliente, simplemente lo amenaza con un “regalo de cumpleaños especial” si no lo hace. El regalo lo “entregaría” el mismísimo Bobby Grant.
El sir británico y el actor conducen a la casa donde se encuentra Aquiles, la lujosa casa de la hija de Kemmelmeier. El actor conduce nervioso, por los recientes anónimos donde se lo amenaza de muerte por su supuesta relación con la actriz Lauren Bacall en la película que está filmando actualmente. Sin quererlo, atropella un gato. Están frente a la casa de Alicia Kemmelmeier, y los dos Dreamraiders se miran con preocupación: 

¿Será Aquiles? Pero no, es tan solo un gato anónimo. Continúan su camino hasta la casa de la asesora  fiscal, que los recibe amablemente, y que confiesa ser una gran fan de las películas más arriesgadas del señor Quine. Los pjs intentan convencerla de que deje a su gato para el caso, pero aunque el germano casi lo logra, las últimas palabras del sir bloquean completamente la situación, y la heredera Kemmelmeier los despide de su casa.

Entretanto, Jimmy Sandeman ha registrado a Aquiles como prueba para el caso, y ha descubierto que realmente no pertenece a Alicia Kemmelmeier. El gato no estaba censado en el testamento del banquero, con lo que oficialmente no tiene más dueño que el Estado. Sin saberlo, Riconda se dispone a resolverlo todo como mejor sabe: esquivando la ley. Aprovechando la ausencia de Alicia, entra en la casa haciéndose pasar por un oficial de policía. La empleada de hogar de Alicia Kemmelmeier, una inmigrante ilegal mexicana, colabora con el falso policía italoamericano y entre los dos logra llevarse al gato justo cuando Alicia vuelve a su casa.
“Sabía que los gatos soñaban con eso”
Una vez con Aquiles en su poder, le inyectan el Yggrasil, que el sir ha conseguido de uno de sus proveedores habituales, y acceden al mundo de los sueños. Es de noche, y el ambiente está cargado de electricidad, como si se avecinara tormenta. Están junto a una colina, próximos a un bosque. Pero los olores, la visión de todo, los sonidos, son extraños y perturbadores. Los pjs pronto entienden que para evitar estos efectos sobre su sistema perceptivo, deberían alterar de alguna forma su forma para adecuarla a la realidad felina circundante. Quine se metamorfosea en un elegante gato negro con una línea blanca sobre el lomo. Riconda y Alister ríen al confundirlo con una mofeta. El explorador británico se convierte en un león, el antiguo mafioso italiano se transforma en la diosa egipcia Bastet y Jimmy Sandeman altera su forma para ser un superhéroe dotado de supervisión. Con su tercer ojo, prevé la llegada de problemas.


De pronto, una oleada de humanos desnudos aparece corriendo sobre la colina, huyendo hacia el bosque. Sandeman avisa a los pjs de que un gato negro gigante está a punto de hacer su aparición. Riconda detiene a uno de esos humanos desnudos con la mirada perdida. Se trata del propio Kemmelmeier. El gato negro hace su aparición, y con un ágil salto caza a uno de los humanos y comienza a devorarlo. Sir Alister le hace frente con un potente rugido, y el gato negro suelta a su presa, que cae muerta. Riconda utiliza un cascabel mágico con forma de ank para hacer que el gato huya. Entretanto, Quine estaba intentando localizar el olor de Aquiles, y casi lo había localizado, cuando el superhéroe Sandeman se convierte en Kemmelmeier, y con un potente grito, convoca a Aquiles, su gato. Aquiles aparece al poco tiempo.

Robert Quine, en su forma de gato, intenta comunicarse con él para que les muestre los últimos recuerdos de Kemmelmeier. Aquiles los conduce a través del bosque hasta una casa gigantesca que parece una reconstrucción onírica de la casa del banquero. Pero sobre en una cerca, Aquiles se queda inmóvil contemplando a una gata que le tiene fascinado. Se trata de la gata que Quine atropelló cerca de su casa. Para sacar a Aquiles de su estado de aletargamiento, sir Alister ahuyenta a la gata con su forma de león.
Un banquero en La Comarca
Una vez en la casa, el Kemmelmeier desnudo con mirada perdida que no ha dejado de acompañarles durante todo el tiempo, aparece vestido y comienza a subir unas escaleras. En ese preciso instante, el gato negro irrumpe en la escena a través de la ventana abierta, y comienza a atacar a los pjs. Quine decide convencer a Aquiles de que lo acompañe escaleras arriba para no perder de vista a Kemmelmeier. Riconda crea una manguera gigante para ahuyentar al gato, que retrocede disgustado ante el empuje del agua, pero que se resiste a escapar. Sandeman, todavía con el aspecto de Kemmelmeier, coge un agitador de la chimenea, que empuña como una lanza y carga contra el gato, al que alcanza en el costado. Sir Alister salta en forma de león sobre el gato y con una gran dentellada lo hace huir finalmente.
Los pjs suben corriendo las escaleras hasta el despacho de Kemmelmeier, justo para presenciar el recuerdo de la escena, grabado en la mente de Aquiles. Pueden comprobar cómo, efectivamente, el banquero sacó un revólver de su escritorio y se suicidó. Pocos minutos después, Whitmann llegó a la escena y se comportó como rezaba su declaración. Tan solo quedaba “grabar” la escena onírica, pero el único con las facultades para hacerlo, el policía, estaba ya en Periferia. Su estado de agitación onírica activó un suceso de distorsión onírica y la escena fue cambiando rápidamente hacia la casa de Bilbo Bolsón en La Comarca. Con la esperanza de que la escena no se hubiera contaminado, los pjs despertaron.
Un juicio justo
En el juicio, la prueba rescatada por los pjs tuvo un papel fundamental, y el juicio se ganó, declarando a Roger Whitmann no culpable de asesinato, e inscribiendo el caso en las letras doradas de la historia de la judicatura en EE.UU. Después del juicio, Aquiles como propiedad del Estado se subastó, y sir Alister Doherty lo compró para donarlo a la agencia de detectives oníricos.

Entretanto, Riconda había ido a declarar a favor de la puesta en libertad condicional del antiguo capo mafioso, Howard Kash. Pero lo había hecho en estado evidente de embriaguez, con lo que su testimonio se anuló, y finalmente se denegó la libertad al mafioso. Al volver a su casa tras el juicio, el pj encontró su puerta abierta, y un sombrero en el perchero con dos letras bordadas: B.G., Bobby Grant.