Juego: Dreamraiders
Fecha: 21-11-2014
Pjs: Frank
Riconda (Manu), Jimmy Sandeman (Espe), Sir Alister Doherty (Iván) y Robert
Quine (Arturo)
El primer caso, o
cómo dejar que el malo escape
La acción comienza hace
cinco años, durante el famoso proceso para encarcelar a Howard Kash, el capo
mafioso de Los Ángeles.
La agencia Riconda, Jadgea & Chasegate está dando sus primeros pasos. Riconda está en este caso colaborando con la fuerza de homicidios de L.A. (representada por el joven detective de homicidios Jimmy Sandeman), y su amigo el aventurero retirado Sir Alister Doherty. Su misión es proteger al abogado Elías Meyer, abogado de uno de los principales confidentes del caso Kash. Pero un sicario onírico experto, Bobby Grant, ha atacado en sueños al abogado con intención de matarlo. Afortunadamente, el abogado judío contaba con la ayuda de su amigo actor Robert Quine, que esa noche le había convencido para tomar Yggdrasil y vagabundear por el mundo de los sueños. El actor de origen germano luchó como un verdadero Dreamraider experimentado contra Bobby, hasta que llegaron el resto de pjs y entre todos lograron hacer que el sicario mafioso huyera. Embebidos por la victoria, los pjs persiguieron al mafioso, solo para caer en una trampa.
La agencia Riconda, Jadgea & Chasegate está dando sus primeros pasos. Riconda está en este caso colaborando con la fuerza de homicidios de L.A. (representada por el joven detective de homicidios Jimmy Sandeman), y su amigo el aventurero retirado Sir Alister Doherty. Su misión es proteger al abogado Elías Meyer, abogado de uno de los principales confidentes del caso Kash. Pero un sicario onírico experto, Bobby Grant, ha atacado en sueños al abogado con intención de matarlo. Afortunadamente, el abogado judío contaba con la ayuda de su amigo actor Robert Quine, que esa noche le había convencido para tomar Yggdrasil y vagabundear por el mundo de los sueños. El actor de origen germano luchó como un verdadero Dreamraider experimentado contra Bobby, hasta que llegaron el resto de pjs y entre todos lograron hacer que el sicario mafioso huyera. Embebidos por la victoria, los pjs persiguieron al mafioso, solo para caer en una trampa.
Persiguiéndolo a través
de los túneles de un coliseo romano donde la muchedumbre clamaba por
sangre, los pjs acabaron de pronto en un platillo espacial con dirección a la
Tierra. Una vez que la escotilla se cerró a sus espaldas, el sicario,
metamorfoseado en hiena, se volvió a ellos y sonriendo sentenció que los
mataría a todos. El abogado Meyer se guarneció como pudo en un rincón
suplicando piedad. Robert Quine se convirtió en un aristócrata venusiano y se
lanzó sobre la hiena, logrando atraparla para que el anciano descubridor de los
afluentes del Níger convocara un rifle onírico y disparara a bocajarro. La
hiena logró zafarse en el último instante y la bala no acabó con el infame
Bobby Grant, pero en el forcejeo, el mafioso apretó unos controles y el
platillo volante aceleró para precipitarse a gran velocidad contra la
superficie de la Tierra.
Riconda, convertido en
un héroe pulp similar a Rocketeer, se precipitó hacia el panel de controles
para evitar el inminente choque, y finalmente pudo estabilizar la nave cuando
estaba a punto de impactar contra la Casablanca. El detective de homicidios
oníricos, metamorfoseado en el dios de los sueños Morfeo, se abalanzó sobre el
mafioso intentando estrangularlo, pero Grant logró liberarse de su presa, abrir
una escotilla y salir volando convertido en cóndor.
El reencuentro y un caso perdido
Cinco años
después, los pjs volverán a reencontrarse con ocasión del caso Whitman. Roger
Whitman, un joven afroamericano, ha sido detenido bajo cargos de robo con
violencia y asesinato, acusado de la muerte del banquero Melvin Kemmelmeier. El
prestigioso bufete Caesar &
Associated ha elegido representarlo gratuitamente por la repercusión que
prevén que pueda tener el caso. El abogado en cargo es Elías Meyer. Robert
Quine, disfrutando el éxito de taquilla (aunque no de crítica) de su última
película, Capitán Jack de Corazones, forma
parte de un círculo de intelectuales que están intentando demostrar la
inocencia de Whitman, y acepta colaborar con su amigo abogado en llegar al
final del asunto. Para ello, no duda en solicitar la ayuda de Frank Riconda, el
detective que conociera hacía cinco años en un platillo volante, y con el que
hacía un año había compartido algunos casos cuando intentaba averiguar cómo era
la vida y profesión de los detectives oníricos con vistas a la película que iba
a interpretar sobre el tema.
Jimmy Sandeman
también colaboraba en el caso, y es que tenía la impresión de que se había
cerrado en falso, simplemente porque el acusado era negro y el muerto un
exitoso banquero blanco. Sir Alister Doherty, ansioso como siempre de
aventuras, se había unido al grupo de pjs. Sin embargo, el caso de Whitman
pintaba mal: lo habían detenido en su casa con objetos personales y dinero de
Kemmelmeier, además del arma homicida. Whitman sostenía que cuando él había
entrado en la casa de Kemmelmeier, el banquero ya yacía muerto sobre su
escritorio, que acababa de suicidarse con el revólver. Eso no le impidió robar
el despacho del banquero ni llevarse el propio revólver con intención de
venderlo. Para su desgracia, ese revólver no tenía licencia ni constaba en
parte alguna que hubiera pertenecido a Kemmelmeier.
Un testigo presencial muy peludo
Pero Elías Meyer tiene
un plan de acción. Sostiene que había un testigo presencial, un testigo que va
a convertir el caso en famoso. El gato persa de Kemmelmeier, Aquiles, estaba en
el despacho cuando ocurrió todo. Tan solo hay que entrar en su mente y “grabar”
su recuerdo. Será la primera vez que se haga algo así en la jurisprudencia. Los
pjs , viajeros oníricos experimentados, abrigan dudas. ¿Se ha intentado acceder
a los sueños de un gato con anterioridad? Sir Alister y Jimmy Sandeman se miran,
recordando un nombre: Axel Ventura.
Un estrafalario personaje que según dice se
dedica a curar traumas de mascotas. El detective de homicidios oníricos de la
policía de L.A. conduce su coche hasta el hotel donde lo ha alojado Elías Meyer
para entrevistarse con él. Axel Ventura le da los consejos necesarios para
introducirse en la mente de un animal. Deben estar junto a él, inyectarle una
dosis de Yggrasil con unos leves cambios, la misma dosis que han de tomar los
pjs, y aconseja permanecer poco tiempo allí, es un ambiente hostil a lo humano.
Frank Riconda
tiene su propia agenda. Mañana tiene una citación para una vista de libertad
condicional del capo mafioso Howard Kash, y él ha sido convocado como uno de
los agentes que lo detuvieron, para que ofrezca su opinión experta. Sin
embargo, el italoamericano ha visto allí una oportunidad de hacer dinero, y se
dirige a entrevistarse con el abogado de Kash, “Tiburón” Spielberg. Pero
Spielberg no le ofrece dinero para que abogue por la libertad de su cliente, simplemente
lo amenaza con un “regalo de cumpleaños especial” si no lo hace. El regalo lo
“entregaría” el mismísimo Bobby Grant.
El sir británico
y el actor conducen a la casa donde se encuentra Aquiles, la lujosa casa de la
hija de Kemmelmeier. El actor conduce nervioso, por los recientes anónimos
donde se lo amenaza de muerte por su supuesta relación con la actriz Lauren
Bacall en la película que está filmando actualmente. Sin quererlo, atropella un
gato. Están frente a la casa de Alicia Kemmelmeier, y los dos Dreamraiders se
miran con preocupación:
¿Será Aquiles? Pero no,
es tan solo un gato anónimo. Continúan su camino hasta la casa de la asesora fiscal, que los recibe amablemente, y que
confiesa ser una gran fan de las películas más arriesgadas del señor Quine. Los
pjs intentan convencerla de que deje a su gato para el caso, pero aunque el
germano casi lo logra, las últimas palabras del sir bloquean completamente la
situación, y la heredera Kemmelmeier los despide de su casa.
Entretanto, Jimmy
Sandeman ha registrado a Aquiles como prueba para el caso, y ha descubierto que
realmente no pertenece a Alicia Kemmelmeier. El gato no estaba censado en el
testamento del banquero, con lo que oficialmente no tiene más dueño que el
Estado. Sin saberlo, Riconda se dispone a resolverlo todo como mejor sabe:
esquivando la ley. Aprovechando la ausencia de Alicia, entra en la casa
haciéndose pasar por un oficial de policía. La empleada de hogar de Alicia
Kemmelmeier, una inmigrante ilegal mexicana, colabora con el falso policía
italoamericano y entre los dos logra llevarse al gato justo cuando Alicia
vuelve a su casa.
“Sabía que los gatos soñaban con eso”
Una vez con Aquiles en
su poder, le inyectan el Yggrasil, que el sir ha conseguido de uno de sus
proveedores habituales, y acceden al mundo de los sueños. Es de noche, y el
ambiente está cargado de electricidad, como si se avecinara tormenta. Están
junto a una colina, próximos a un bosque. Pero los olores, la visión de todo,
los sonidos, son extraños y perturbadores. Los pjs pronto entienden que para
evitar estos efectos sobre su sistema perceptivo, deberían alterar de alguna
forma su forma para adecuarla a la realidad felina circundante. Quine se
metamorfosea en un elegante gato negro con una línea blanca sobre el lomo. Riconda
y Alister ríen al confundirlo con una mofeta. El explorador británico se
convierte en un león, el antiguo mafioso italiano se transforma en la diosa
egipcia Bastet y Jimmy Sandeman altera su forma para ser un superhéroe dotado
de supervisión. Con su tercer ojo, prevé la llegada de problemas.
De pronto, una oleada de
humanos desnudos aparece corriendo sobre la colina, huyendo hacia el bosque.
Sandeman avisa a los pjs de que un gato negro gigante está a punto de hacer su
aparición. Riconda detiene a uno de esos humanos desnudos con la mirada perdida.
Se trata del propio Kemmelmeier. El gato negro hace su aparición, y con un ágil
salto caza a uno de los humanos y comienza a devorarlo. Sir Alister le hace
frente con un potente rugido, y el gato negro suelta a su presa, que cae
muerta. Riconda utiliza un cascabel mágico con forma de ank para hacer que el
gato huya. Entretanto, Quine estaba intentando localizar el olor de Aquiles, y
casi lo había localizado, cuando el superhéroe Sandeman se convierte en
Kemmelmeier, y con un potente grito, convoca a Aquiles, su gato. Aquiles
aparece al poco tiempo.
Robert Quine, en
su forma de gato, intenta comunicarse con él para que les muestre los últimos
recuerdos de Kemmelmeier. Aquiles los conduce a través del bosque hasta una
casa gigantesca que parece una reconstrucción onírica de la casa del banquero.
Pero sobre en una cerca, Aquiles se queda inmóvil contemplando a una gata que
le tiene fascinado. Se trata de la gata que Quine atropelló cerca de su casa.
Para sacar a Aquiles de su estado de aletargamiento, sir Alister ahuyenta a la
gata con su forma de león.
Un banquero en La Comarca
Una vez en la
casa, el Kemmelmeier desnudo con mirada perdida que no ha dejado de
acompañarles durante todo el tiempo, aparece vestido y comienza a subir unas
escaleras. En ese preciso instante, el gato negro irrumpe en la escena a través
de la ventana abierta, y comienza a atacar a los pjs. Quine decide convencer a
Aquiles de que lo acompañe escaleras arriba para no perder de vista a
Kemmelmeier. Riconda crea una manguera gigante para ahuyentar al gato, que
retrocede disgustado ante el empuje del agua, pero que se resiste a escapar.
Sandeman, todavía con el aspecto de Kemmelmeier, coge un agitador de la
chimenea, que empuña como una lanza y carga contra el gato, al que alcanza en
el costado. Sir Alister salta en forma de león sobre el gato y con una gran
dentellada lo hace huir finalmente.
Los pjs suben
corriendo las escaleras hasta el despacho de Kemmelmeier, justo para presenciar
el recuerdo de la escena, grabado en la mente de Aquiles. Pueden comprobar
cómo, efectivamente, el banquero sacó un revólver de su escritorio y se
suicidó. Pocos minutos después, Whitmann llegó a la escena y se comportó como
rezaba su declaración. Tan solo quedaba “grabar” la escena onírica, pero el
único con las facultades para hacerlo, el policía, estaba ya en Periferia. Su
estado de agitación onírica activó un suceso de distorsión onírica y la escena
fue cambiando rápidamente hacia la casa de Bilbo Bolsón en La Comarca. Con la
esperanza de que la escena no se hubiera contaminado, los pjs despertaron.
Un juicio justo
En el juicio, la
prueba rescatada por los pjs tuvo un papel fundamental, y el juicio se ganó,
declarando a Roger Whitmann no culpable de asesinato, e inscribiendo el caso en
las letras doradas de la historia de la judicatura en EE.UU. Después del
juicio, Aquiles como propiedad del Estado se subastó, y sir Alister Doherty lo
compró para donarlo a la agencia de detectives oníricos.
Entretanto,
Riconda había ido a declarar a favor de la puesta en libertad condicional del
antiguo capo mafioso, Howard Kash. Pero lo había hecho en estado evidente de
embriaguez, con lo que su testimonio se anuló, y finalmente se denegó la
libertad al mafioso. Al volver a su casa tras el juicio, el pj encontró su
puerta abierta, y un sombrero en el perchero con dos letras bordadas: B.G.,
Bobby Grant.
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