sábado, 15 de noviembre de 2014

Reseña Dreamriders: "¿Quién perdonó la vida al detective de sueños?"



Reseña realizada por Jose Manuel Echavarren


¿Quién perdonó la vida al detective?

Juego: Dreamraiders
Fecha: 6-11-2014
Pjs: Frank Riconda (Manu), Dr. Von Aachen (Raúl), Samuel Chasegate (Jacobo)

Los gangsters no pagan la cuenta

Los pjs han sido contratados por un vengativo joyero judío, Angel Skimmer (cuyo verdadero nombre es Angelino Scioperi). La esposa del capo de los gangsters de L.A., Gregor Tesaloniko, se llevó un collar de perlas de su joyería prometiendo pagarlo más tarde, y ese cobro nunca llegó. El joyero consideró prudente no reclamar su dinero entonces, pero las cosas cambiaron cuando se descubrió que Gregor Tesaloniko defraudaba sus impuestos. Pronto fue puesto en búsqueda y captura, y el FBI comenzó a rastrear Los Ángeles para dar con él. 



 El joyero se temía que el FBI incautara el collar como una prueba más para el juicio del capo mafioso, y no quería tener su mercancía incautada tanto tiempo. Así contactó con la agencia de detectives oníricos Riconda, Jadgea & Chasegate para que le encontraran el collar antes de que el FBI se hiciera con él. Hark Jadgea (pj de Pablo) se hallaba de vacaciones en ese momento, con lo cual los detectives oníricos tuvieron que recurrir a un colaborador ocasional de la agencia, el Dr. Von Aachen, psicólogo onírico de origen vienés. Para dar con el collar no había más remedio que encontrar al mafioso y su familia. Y eso les iba a traer problemas.



La Casa siempre gana
Los pjs comienzan a desplegar toda su actividad para localizar al mafioso huido y su esposa, a la que presuponen con el valioso collar de perlas. Riconda utiliza sus contactos con las altas esferas para entrevistarse con un exconcejal acusado de corrupción que tenía motivos para odiar a Tesaloniko y su esposa, ya que no lo habían apoyado para su carrera hacia la alcaldía de la ciudad. El anterior servidor público desvela al detective que el capo sigue en la ciudad, oculto. Samuel Chasegate utiliza sus dotes de seducción en la peluquería de alta sociedad a la que era asidua Mary Tesaloniko, interrogando con sutileza a la joven peluquera a cargo de la tienda. La peluquera le desvela que  Mary ha solicitado los servicios de su peluquera de confianza, y que se encuentra en un casino ilegal en la ciudad. El psicólogo onírico vienés logra finalmente dar con la dirección exacta del casino, al rastrear por teléfono en el pueblo de Arkansas de donde era originaria Mary. Allí el párroco local le anuncia ingenuamente que Mary próximamente volverá al pueblo, y le facilita la dirección donde se encuentra en la actualidad.
Es cerca de las diez de la noche cuando los pjs deciden entrar en el casino ilegal para recabar más pistas y elaborar un buen perfil psicológico de Mary o de Gregor Tesaloniko antes de buscar el paradero del collar en el mundo de los sueños. El doctor von Aachen entra en el casino sin mayores problemas entregando una generosa suma de dólares al matón de la puerta, y pronto se sienta en una mesa de póker, recordando sus días en los cenáculos de juego de Viena. Enseguida logra hacerse con la mesa en la que juega, y es invitado a pasar a la sala donde tienen lugar las más altas apuestas. Entra escoltado por una avispada prostituta que también quiere compartir su éxito, animado por la esperanza de encontrar allí alguna pista.
Riconda y Chasegate también entran en el local ilegal como clientes. Chasegate conocía al portero de sus días en la brigada onírica de homicidios de la policía de L.A., cuando solía frecuentar tugurios como aquel para conseguir pistas o bien para gastar su dinero y gastar tiempo aplazando su vuelta a casa, donde una desconsolada prometida poco a poco iba endureciendo su corazón hasta dejarlo con una triste nota. Dentro del casino, los detectives observan que el piso superior parece estar reservado para la vivienda de personalidades importantes. ¿Gregor Tesaloniko y su familia? Chasegate intenta distraer a un sicario armado mientras Riconda, disfrazado a medias de camarero, intenta subir por las escaleras sin llamar la atención. Después de unos momentos de tensión, Riconda logra esquivar al sicario y sube al piso superior. Allí, camina silenciosamente por un oscuro pasillo hacia una habitación con la puerta entreabierta, cuando escucha cómo la policía irrumpe en el local en una redada buscando a Tesaloniko. Se escuchan disparos, y Chasegate logra reducir a uno de los sicarios armados antes de que logre herir mortalmente a alguno de sus anteriores compañeros. El tiempo se le acaba a Riconda, que entra en la habitación, el despacho de Tesaloniko a todas luces, donde la ventana está abierta.

El italoamericano deja caer su bandeja en un gesto de rabia dando por sentado que el mafioso ha huido. Pero cuando la puerta se cierra de golpe a sus espaldas y se gira, mira cómo Gregor Tesaloniko lo encañona. Tiene tiempo de matarlo y huir. Pero no lo hace. Tira su arma y se entrega. En pocos minutos, los pjs observan cómo la policía vacía el local y se lleva detenidos a Gregor, su mujer y su hijo de apenas cinco años, entre otros muchos clientes del casino ilegal. A medianoche, el joyero italiano llama muy enfadado a los pjs: el collar no ha aparecido, y solo es cuestión de tiempo que lo incaute el FBI. Tienen hasta el amanecer. Chasegate conduce hasta el casino ilegal y encuentra una caja fuerte oculta, donde asume que debe encontrarse el collar. Está convencido de que a la mañana siguiente el FBI la encontrará y se hará con lo que contiene. Los pjs se aprestan para viajar al mundo de los sueños.

El camino más corto al Olimpo
Los pjs viajan al plano onírico sin mayores problemas, entrando en la mente de Gregor Tesaloniko. Se trata de un acto ilegal, amén de peligroso, pero los detectives y el psicólogo onírico no se arredran fácilmente. Aparecen en un ambiente caluroso y soleado, en franco contraste con la noche lluviosa de L.A. Unos granjeros ataviados con ropajes propios de la Grecia clásica se afanan en arar un campo cercano. En la lejanía, los pjs alcanzan a ver un portentoso edificio clásico sobre una montaña. Se trata del Olimpo. Los detectives enseguida llegan a la conclusión de que Gregor debe estar allí, y con él, la combinación secreta de su caja fuerte.
El sol cae a plomo mientras el doctor germano se concentra y se transforma en un dignatario de Corinto y camina hacia el Olimpo. Los dos detectives se entretienen en el camino intentando conjurar ropas apropiadas y depurando la inestabilidad onírica que habían ido acumulando a lo largo de la larga tarde.

Von Aachen es el primero en llegar al Olimpo. Empujando sus pesadas puertas de oro, logra atravesar el umbral y entrar en la residencia de los dioses, donde unas ninfas le ofrecen ambrosía y dulces. Sin mucha dilación, pregunta a unos seres encantados el camino hacia Zeus. Le indican una intrincada escalera de caracol. Los detectives convocan al Pegaso para acceder al Olimpo, si bien el animal mitológico, incómodo por obedecer a simples mortales, los desmonta al llegar y los pjs reciben traumatismos de diversa consideración al caer. Sin sentirse dignos para atravesar el portón de la entrada, los pjs esperan su momento para introducirse subrepticiamente en la morada divina, y lo logran finalmente siguiendo a un centauro. Una vez dentro, Riconda convoca unos ropajes que lo asemejan a Hércules, y vestido como tal (aunque sin la musculatura acorde), sube las escaleras para encontrarse con Zeus.

La batalla de los Dioses
El rostro de Zeus es, sin duda, el de Gregor Tesaloniko. El psicólogo y el detective italoamericano se postran a sus pies mientras el Padre de los Dioses les confiesa su preocupación: al parecer los Titanes están preparando una redada para detenerlo. Los pjs aprovechan su estado febril de agitación para lograr convencerlo de que les entregue la combinación de la caja fuerte. Von Aachen explica que la necesita para poder entregarle un regalo a su prometida. Zeus, portador del rayo, acepta sus explicaciones y los teleporta al piso inferior, donde aparecen frente a una enorme Esfinge tras la cual se yergue una enorme caja fuerte de varios metros de diámetro. La Esfinge, fiel al estilo directo de Gregor Tesaloniko, no les pide resolver un enigma para entregarles el secreto de la caja, sino tan solo que prueben su valía venciéndola en un pulso.
Entretando, Chasegate ha aprovechado para curar sus múltiples heridas y en lugar de ascender las escaleras, se concentra en los curiosos mosaicos que decoran las paredes del Olimpo. Son representaciones idealizadas de la vida de Gregor. Un Tesaloniko desnudo e hipermusculado derrota enemigos y policías con su lanza. Siguiendo esa historia, Samuel encuentra la escena donde el mafioso perdona la vida a su compañero. No pudiendo resistir la tentación de saber qué es lo que ocurrió realmente, dobla la esquina para investigar el mosaico final, tan solo para verlo protegido por un gigantesco minotauro armado con un hacha de dos manos.
Von Aachen se transforma en un gigantesco hoplita, y junto con Riconda, que ataviado con el disfraz de Hércules increpa a la esfinge que suyo es el poder del hijo de Zeus, intentan doblegar el brazo del guardián. Entretanto, el sufrido detective invoca un magnum 44 mientras apunta al minotauro espetándole un “alégrame el día”. La criatura carga contra él mientras Chasegate dispara una y otra vez su revólver.

Los laureles de la victoria
Chasegate logra acabar con la bestia mitológica y ayudado con una antorcha contempla asombrado el mosaico que explica por qué el gangster perdonó la vida a Riconda. La sorpresa es tal que la antorcha cae al suelo. Cuando la recoge, aparece frente a la caja fuerte gigantesca, donde la pareja de pjs restante acaba de doblegar a la esfinge, que desaparece con una llamarada. Los pjs caminan hacia la caja fuerte, que se abre ante sus pasos, mostrando un papel con una combinación. Pero antes de cogerla, un estruendo resuena a sus espaldas: se trata de Zeus, que acaba de entender que ha sido objeto de una burla. Mientras lanza su moral rayo, los pjs alcanzan el pedazo de papel, y despiertan en el mundo real.

Con la combinación, los pjs corren hacia su coche y vuelven a entrar en el casino ilegal, como hiciera Chasegate hacía unas pocas horas. Allí, en el despacho de Gregor Tesaloniko, abren la caja fuerte encontrando el collar de perlas. Es el momento que aprovecha Samuel para contarle a Riconda qué sucedió realmente cuando entró en el despacho. Bajo el pesado escritorio de roble, se escondía el hijo de cinco años de Gregor Tesaloniko. Un momento antes de apretar el gatillo, su mirada se cruzó con la de su hijo, que silenciosamente giró negativamente con la cabeza. Y el gánster sanguinario dejó caer su arma.